Morrison y la Responsabilidad del Héroe.
En los dos años que el escocés
Grant Morrison ha sido guionista de New X-Men se han dicho todo
tipo de cosas... se ha hablado de su interpretación “new
age” del superhéroe, de sus revolucionarios cambios
en la estética e iconografía de la serie, la complejidad
de sus personajes... pero curiosamente sobresalen entre ellas
las amargas críticas contra el fuerte contenido de las
historias, por ejemplo la masacre genocida de millones de mutantes
en la isla-nación de Genosha, la “Sudáfrica
mutante” de la Marvel con Magneto de Mandela.
Morrison, escritor cuya adolescencia transcurrió
en el apogeo de la revolución punk (cuya ética y
valores aún conserva), llegó a la cima de la fama
después de hacer JLA (su relanzamiento de la Liga de la
Justicia en los 90’s) la revista de mayor venta de la DC
Comics. Sus trabajos han sido consistentemente controversiales
a través de los años, y su propuesta en New X-Men
no es para nada la excepción.
La naturaleza del escritor escocés,
sus percepciones sobre la realidad social y su sentido de responsabilidad
política, hacen que mucho de su trabajo sea gráficamente
violento y explícito, manteniendo así una infatigable
claridad y honestidad en él. Su uso de la violencia no
es gratuito ni sensacionalista en ningún momento. Hay todo
un planteamiento detrás de su obra sobre las consecuencias
del ser violento, las vidas que ciegan los conflictos, y las historias
detrás de los llamados “daños colaterales”.
Esto no es ninguna novedad en el género
del cómic de guerra, que lo ha examinado desde la Two-Fisted
Tales de Harvey Kurtzman en los 40’s, pero dentro del género
del superhéroe ha sido poco común. Ahora este temática
cobra cada vez más relevancia en el cómic norteamericano
(el Hulk de Bruce Jones, el Ultimate Spider-Man de Bendis y Bagley)
con Morrison a la cabeza de este replanteamiento de lo que significa
ser un héroe, lo sagrado de la vida humana, y las consecuencias
del conflicto violento entre entes poderosos para terceros (naciones
o líderes en el cómic de guerra, seres sobrenaturales
en el género del súperheroe).
Morrison lleva toda su carrera dándole
vuelta a este asunto. Desde las aventuras de Zenith (cómic
de súperheroes británico que lo lanzó a la
fama), pasando por el psicológico Arkham Asylum, las aventuras
existenciales de Animal Man, su replantamiento absurdista de la
Doom Patrol, y particularmente en su obra magna, la meta-novela
The Invisibles. En cada paso que da, ha ido profundizando en el
ideal “heroico”, y su impacto en la vida de la gente
“común”.
Ahora en New X-Men, Morrison cuenta con una
audiencia masiva para su lanzar su mensaje de revolución
pacifista y de cambio radical por medio de la educación.
Desde su primer número se ha dedicado a revalorar los clichés
del superhéroe, en el marco de la lógica del Universo
de la Marvel Comics, y dentro del mercado actual y sus realidades
particulares. Ha puesto en evidencia lo inútil que han
sido los años de batalla sin tregua de los X-Men para ser
aceptados, a la vez exponiendo la debilidad de muchos guionistas
de los 90’s para poder desarrollar los temas de la revista
de una forma coherente con los grandes intelectos que los protagonistas
dicen tener (una clara excepción la magistral temporada
de Peter David en X-Factor, donde demostró lo absurdo de
la situación con un acérbico humor negro).
Morrison nos bombardea desde distintos ángulos,
reenfocando la labor de los X-Men exclusivamente en el marco de
su lucha por sobrevivir y sobresalir dentro de un mundo que les
es teóricamente hostil. Llueven conceptos sobre moda, música,
arte popular, desarrollo urbano, política internacional,
ONG’s, cultos religiosos, movimientos juveniles, filosofía
oriental... y TODOS intrínsicamente conectados con la idea
de SER diferente, radical, militante, y estar buscando el cambio.
Los X-Men de Morrison no son el escuadrón
paramilitar de Scott Lobdell y Fabián Nicieza, ni los aventureros/guerrilleros
cinemátográficos de Chris Claremont. Son una agrupación
política, una unidad de rescate para emergencias, educadores
de jóvenes, y el último grito de la moda, todo a
la vez. Son la máxima autoridad en la lucha por los derechos
(¿humanos?¿civiles?) de una poderosa minoría
a nivel mundial, con sedes de su ONG (la X-Corporation, haciendo
de Greenpeace o Amnistía Internacional para mutantes) en
cada continente, coordinando al igual que los grupos ambientalistas
y la nueva izquierda coordinaron en Seattle hace unos años.
Los héroes asumen su responsabilidad como tales a un nivel
global y hasta su última consecuencia, y esto los destaca
significativamente de montones de otros “héroes”
del cómic (y del cine, y la tele...). Salvar el mundo no
sólo implica apagar el incendio, también incluye
educar sobre el como prevenirlos, y la búsqueda de alternativas
para evitarlos.
Y en esto último reside la magia de
su propuesta. Los planteamientos humanistas de New X-Men nos señalan
un camino hacia la resolución de conflictos, y nos predica
con el ejemplo. Morrison asume la responsabilidad de sus convicciones,
y hace a sus protagonistas asumir las de ellos. El eje central
de las historias gira alrededor de los ideales, de héroes
o villanos, todos comprometidos con los propios. No se guarda
nada y no nos deja evadir nada; nos hace cuestionar el valor de
lo que creemos... llevando el amor a lo diferente, la necesidad
del cambio, a un punto más allá del discurso romántico
de los disidentes de otras décadas, y lanzándolo
al campo de la acción. Ser radical es algo más que
una calcomanía en el cuaderno o un broche en la chaqueta,
es una actividad cotidiana ardua; la resolución no-violenta
de situaciones hostiles es mucho más complicada y trabajosa
que un golpe a la nariz de un supervillano.
Pocos creadores de cultura pop en estos días
muestran el nivel de conección con el zeitgeist que muestra
este autor escocés. Su trabajo ha sido reconocido más
allá del mercado del cómic, y su influencia se ha
dejado sentir en muchos otros medios. Ha sido entrevistado y citado
por revistas y websites de arte, cultura, tecnología y
entretenimiento. Ha inspirado movimientos, cultos, y hasta tratados
postmodernos sobre magia. Más allá del factor político,
New X-Men está repleta de actualidad cultural: de arte
pop, de sexo, tensión telenovelesca en el elenco, drogas
callejeras, extraterrestres, conspiraciones militares, diversidad
étinica, clones malvados, robots gigantescos, y un chino
con una estrella literalmente en la mollera... todo esto armando
un contexto riquísimo donde las historias se disparan a
un paso acelerado, sin tregua ni pausa para tomar un respiro.
Hasta el momento los resultados han sido,
de cierta manera, mixtos. Serias inconsistencias en el equipo
de dibujantes de la serie le han robado su momentum, y los grupos
conservadores en los websites de fans han mantenido una campaña
persistente en contra de los novedosos cambios. Las cifras de
venta de las revistas mensuales han ido lentamente decreciendo,
no obstante la venta de los libros que las recopilan en formato
de novela gráfica se ha disparado. En tiendas como Amazon
y Barnes&Noble estos tradepaperbacks se venden en cantidades
alarmantemente superiores a las obras anteriores del autor, que
ya eran considerados éxitos de venta para la industria.
A falta de un estudio serio al respecto, se especula que Morrison
está llegando al público nuevo que buscaba, que
está más familiarizado con los formatos de una novela
o un libro, y que le importa poco estarse metiendo en los foros
de internet. Sólo el tiempo nos dará la respuesta
(o un estudio serio de marketing).
En todo caso, a los que estén interesados
en leer algo de New X-Men, les recomiendo el New X-Men Vol.1 en
pasta dura, que colecciona el primer año de Morrison en
la serie, ya que se le aprecia más leyendo los arcos narrativos
enteros, de seguido, y no en entregas mensuales. El arte sufre
un poco de las mencionadas inconsistencias (¡hay más
de 4 dibujantes en los créditos!), a pesar de esto, la
historia se desenvuelve magistralmente, y los diferentes niveles
de lectura se van abriendo ante uno con cada releída. Uno
de las pocas obras, hasta el momento, que puede hacerse reconocer
como parte del S.XXI.
De lectura obligatoria.
Rodolfo
León Gamboa
Apartado 137-3000
Heredia, Costa Rica.